Diez pecados capitales de los empleados públicos, Los. Leyenda y realidad de una tribu universal.

Chaves, Jose Ramon
Valle, Juan Manuel Del

25,00

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Descripción

Como ciudadano vas a tener que vértelas alguna vez con un funcionario, y te conviene saber de sus pecados y virtudes. Este libro es un chaleco antibalas. Si eres empleado público tendrás ocasión de ver las debilidades de tus compañeros, de los ciudadanos e incluso las tuyas propias. Por eso también es espejo y vacuna. Tres por uno. Bajo la inspiración de la clásica obra de Fernando Díaz-Plaja, “El español y los siete pecados capitales”, y desde el curioso punto de vista de los empleados públicos, se aborda un mundo burocrático de miserias y grandezas, con sus causas y consecuencias, deteniéndonos en leyendas negras y tópicos, pero también exhibiendo los méritos que demuestran la nobleza de su labor. Por el texto desfila un retablo de pecados clásicos entre sonrisas pícaras, chivatas o cómplices, en el campo abierto de los expedientes, despachos y la gestión de asuntos públicos. La lupa de los autores se adentra en el ámbito de los que responden a apetitos materiales (avaricia, envidia, lujuria y gula); también de los que reflejan el poderío psicológico de quien ocupa un cargo o puesto público (soberbia, ira) o los que son propios del humano hedonismo (pereza). Pero como la vida va más deprisa que la tradición, se incorporan tres pecados de nuevo cuño: la frivolidad, la intransigencia y el oportunismo.- El libro delata todos esos pecados y pecadillos con fluidez, en tiempo presente, entre anécdotas y chistes, en compañía de Larra, Umbral, Alejandro Nieto y otros muchas personalidades que no se han resistido a pronunciarse sobre ese mundo. Pocos lo han hecho en su favor, lo que tampoco es muy justo. También se delata a los ciudadanos y a los políticos que con ellos tratan, pues ninguno está libre de culpa. Algo tenemos de la culpa de los demás.- Te lo cuentan dos personajes que han amasado trienios en varias administraciones, que te dicen lo que no se cuenta para que no te pille de nuevas y que no piden protección como testigos porque, osando desvelar lo que se cuece en las oficinas públicas, sólo podrán salvarse si la sonrisa del lector les protege. Haz el favor y comienza a sonreír antes ya de empezar a leer.